Aquí empezó todo
"Creo que aún no identifico del todo el momento exacto en que empezó mi obsesión con los viajes y el conocimiento de culturas alrededor del mundo, lo que sí sé es que mi primera experiencia fuera del país es algo que tengo tan adentro de mi mente y mi corazón..."

Cuando me animé a compartir con mis clientes las experiencias de viaje que he tenido, no sabía por donde empezar, pero siendo coherente con lo que representa mi marca, decidí que lo más fácil era iniciar por el origen. Creo que aún no identifico del todo el momento exacto en que empezó mi obsesión con los viajes y el conocimiento de culturas alrededor del mundo, lo que sí sé es que mi primera experiencia fuera del país es algo que tengo tan adentro de mi mente y mi corazón, que no había razón para empezar por otro lado, que no sea la bonita Buenos Aires.
Cuando eres estudiante de la Universidad Nacional, proveniente de una familia de clase media que no ha tenido la posibilidad de salir del país, cualquier destino parece lejano. Esta idea comenzó con el cuestionamiento de mi compañero de viaje (quien me ha acompañado desde hace casi 11 años) sobre cómo podíamos aprovechar la experiencia de la universidad. Logramos concretar los trámites para hacer un intercambio académico en la FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo) de la Universidad de Buenos Aires en Argentina. Fue la primera (y no iba a ser la última vez) que recibimos el llamado para ir al sur.

El viaje en avión reflejó perfectamente mis sentimientos, me sentía en las nubes, llena de ansiedad como siempre, pero con mucha expectativa. Te digo, fue amor a primera vista. En las primeras semanas, buscando un lugar para quedarnos durante el intercambio ya conocíamos San Telmo, Puerto Madero, Monserrat, Constitución, San Nicolás, Balvanera, Recoleta, Almagro y Palermo, este último sería el barrio que nos acogería por los seis meses de estadía.
El amor a primera vista se convertiría en amor para siempre por esta ciudad cuando en nuestras búsquedas y caminatas diarias debíamos detenernos para comer: empanadas, pizza, canelones, asados, choripanes, era difícil no detenerse a mirar y a probar, y fue inevitable sentarse a tomar un café o una cerveza en una de las mesas ubicadas sobre los andenes. Aquí, comencé a entender el valor de lo privado que se hace público, y de los espacios que aporta la ciudad para el cuidado y disfruté de los propietarios y clientes de estos locales.

Estos locales estaban dispuestos para el disfrute casi las 24 horas del día, y yo no me había dado cuenta hasta que recibí los horarios de las clases que iba a tomar en la universidad: de 7 a 11pm. ¡Esto era impensable para mí! la universidad disponía de 3 franjas horarias, y como parte de la jornada la ocupaba con un trabajo a medio tiempo que tenia en Colombia, este horario era perfecto. El primer día tenía algo de miedo de la oscuridad y la soledad, pero fue sorpresivamente agradable observar camino a casa las calles llenas de gente, y los restaurantes y cafés abiertos dándole vida a las frías noches de otoño.
El otoño se sintió apenas dos semanas después de nuestra llegada. Los lindos árboles que debían cubrir el sol durante el verano ahora adornaban las fachadas de los edificios con sus coloridas hojas y ramas descubiertas. Fui afortunada de vivir y estudiar en zonas donde disfrutaba caminar, no hay conjuntos cerrados o rejas que te den la espalda cuando vas por el andén, las calles las conforman una serie de edificios, la mayoría con balcones a la calle y arboles muy altos que complementan un perfecto perfil.
En ese momento mi perfil profesional ya comenzaba a mirar a la historia y el patrimonio, y fueron dos de las materias en las que me inscribí (Historia de Buenos Aires e Introducción a la preservación y el reciclaje), allí me di cuenta de que a los argentinos les encanta hablar, discutir y compartir su pensamiento abiertamente. Las clases muy pocas veces si dieron en modalidad cátedra, siempre nos reuníamos en torno a una mesa a hablar, yo, sobre todo, a escuchar. Estas clases y la exploración por la ciudad me permitieron percibir una cultura llena de mucha historia, de muchas capas que conforman lo que ellos son como personas, su arquitectura y su país. Lo que muestran al mundo: el tango, la pasión por el fútbol, el obelisco, si eso son, gente apasionada, que sin dejar de ser críticos aman lo que son, lo que tienen y lo que representan ante el mundo.

La conformación de la ciudad que hoy conocemos tiene una gran lucha entre la preservación de los edificios históricos y la renovación que exigen los acelerados ritmos de las ciudades modernas. En este momento de mi vida quisiera volver a ir para dar un concepto más certero con relación a todo lo que he aprendido en la academia y en mi trabajo profesional, pero con la información que tenia en ese momento, puedo decir que había un perfecto equilibrio. Cuentan con maravillosos y bien conservados edificios históricos que reflejan la mano europea por la que pasó la ciudad y al mismo tiempo se abren a lo nuevo, a restaurar, a rehabilitar y ampliar por medio de arquitectura contemporánea; se atrevieron a restaurar y rehabilitar las viejas bodegas de puerto madero para convertirlos en restaurantes, a convertir un antiguo teatro en una librería, a pasar sobre los antiguos trazados para construir la gran avenida 9 de julio, convertirla en icono de la ciudad y seguir escribiendo y viviendo su historia como propia.

Posiblemente las personas que la conozcan podrían tener otra perspectiva y pueden pensar que es una visión muy superficial. Lo admito, mi mirada puede estar sesgada por ese amor que le tengo, y no oculto al mundo; pero los argentinos me enseñaron el valor que para ellos tiene el producto nacional, la historia de sus padres y abuelos migrantes, las ferias y mercados rodeados de comida y grupos folklore argentino, el valor de los restaurantes tradicionales donde venden pizza desde hace décadas. Desde mi punto de vista, si eso no es valorar y vivir el patrimonio, ¿entonces qué es? Empezar con pequeñas cosas como comprar productos locales, hechos con materia y manos colombianas es una acción que en gran escala hace diferencia y es una forma sencilla de estimular lo que somos y lo que tenemos.




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