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De mi espiritualidad y los viajes

  • Writer: Tatiana Parada
    Tatiana Parada
  • Oct 25, 2021
  • 5 min read

"En México, Perú y Ecuador encontré un nivel de monumentalidad en las edificaciones religiosas que me hizo pensar sobre la necesidad de grandeza y ostentación que necesitaba la iglesia católica para imponerse sobre la cultura y espiritualidad indígena..."


Crecí en una familia con gran tradición católica, mi mamá y mis tías terminaron su bachillerato en un colegio de monjas salesianas, y como consecuencia me matricularon en un colegio femenino de educación católica. Recuerdo que siempre me ha gustado estudiar y tengo lindas memorias de experiencias allí vividas, probablemente porque era un colegio para gente de buena condición económica había diversas actividades y deportes que yo practicaba, fútbol, baloncesto, balonmano, y patinaje, también me acuerdo de participar en bailes, cursos de artesanías, costura, etc.


Recuerdo lo intensiva que era la educación religiosa, teníamos misa mínimo una vez a la semana, más las de eventos especiales, clase de religión, eventos con otros colegios católicos, clases de música done preparábamos los cantos de las misas, y aunque en ese momento no me molestaba del todo, ahora pienso que es demasiado para una niña de 6 años. Una de las cosas que más recuerdo eran los cuadros e imágenes religiosas que “adornaban” los pasillos donde teníamos clase, les tenia temor! No era capaz de mirar esas imágenes a los ojos, y creo que desde ahí nació mi hagiofobia (miedo a las imágenes religiosas), pero solo hasta hace poco descubrí el porqué de mi miedo, ya les contaré.



Cuando entré a bachillerato, principalmente por razones económicas, mis padres decidieron cambiarme de colegio, a uno que quedaba a diez minutos caminando desde mi casa. En este colegio, no veíamos religión, veíamos cultura religiosa, y allí veíamos la historia y principios de las diferentes religiones del mundo. De las cosas que más me impactaron fue cuando estudiamos el papel de la mujer en las diversas religiones, y de manera superficial en el Islam, pero evidentemente no fuimos críticos con lo que representa la mujer en la religión más profesada en Colombia y su impacto en la sociedad.


En cuanto a mis rituales, recuerdo que durante mi adolescencia acompañé muchas veces a mi mamá a misa, oraba sagradamente en las noches (más para pedir que para agradecer) pero siempre, siempre le he hablado a mi ángel de la guarda (ahora creo que tengo dos), es como si desde niña tuviera una profunda conexión con ese ser, cuando tenía miedo, me sentía insegura o en peligro, lo llamaba.


El primer viaje que hice fuera de Colombia (como ya se los había contado) fue a una de las ciudades donde definitivamente no encuentras una iglesia católica en cada barrio como estamos acostumbrados aquí. En Buenos Aires, por la dictadura de Videla, y el apoyo a los militares por parte de la iglesia, muchas de las iglesias y capillas fueron destruidas, y con estas sus fieles. Esta historia me hizo cuestionarme sobre el poder de la iglesia en la historia, y como la enseñanza que tuve de lo “bueno y lo malo” no tenía sentido en este relato.



En México, Perú y Ecuador encontré un nivel de monumentalidad en las edificaciones religiosas que me hizo pensar sobre la necesidad de grandeza y ostentación que necesitaba la iglesia católica para imponerse sobre la cultura y espiritualidad indígena. Valoro la maestría de los artesanos y lo que ganó nuestra cultura con esa mezcla de culturas, pero siempre pienso en el miedo que se infundo detrás de todo ese arte y arquitectura.



La ida de Ana de mi vida, terminó de mover mi pensamiento sobre lo que para mi significaba Dios y la religión con la que me habían educado. De hecho, me cuestione muchas cosas sobre la vida y con esto, comencé por fin a pensar en el hoy, más que en el mañana, a arriesgarme y tomar decisiones más guiadas por el corazón, que por el miedo. Finalmente, terminé en Australia, con un primer año difícil donde me estaba definiendo y sobre todo valorando otra vez como persona, tratando de buscar mi rumbo, el porqué y el qué quería para mi vida. Afortunadamente, Melbourne, la ciudad donde viví es una de las ciudades más multiculturales del mundo, y mi estudio me permitió conocer gente de diferentes países. El viaje a Japón y al sudeste asiático terminó por mostrarme muchas cosas que en el fondo sabia pero no las entendía o me daba miedo expresarlas.


Japón me mostró el poder de la naturaleza, y como Dios está presentes en toda ella. Los japoneses incorporan los rasgos de muchas religiones en sus vidas diarias, pero la mayoría dicen no pertenecer a ninguna religión (62% de la población), pues al aplicarlas como parte de su vida, se hace incomprensible la forma en que los occidentales se adhieren a una sola religión. El budismo reporta un 31% de personas que la practican y el shinto un 3%, siendo esta la religión natal de Japón, proveniente de tiempos prehistóricos, donde el pilar es el respeto por la naturaleza y lugares sagrados dentro de esta, representados a través del Tori (estructura en forma de arco que simbolizan la entrada al mundo espiritual, separando el espacio sagrado del profano).



El sudeste asiático estuvo lleno de budismo e hinduismo, amé las diferentes imágenes, templos, colores y representación de Buda, y encontré con asombro como nuevamente la mujer se tomaba como “no digna”, “impura”, objeto de sufrimiento, al no permitírsele el acceso en ciertos templos budistas, donde estaba prohibido el acceso a las mujeres. En Filipinas visité varias iglesias católicas, y después de todas las experiencias anteriores, entendí que lo que no me gustaba de la religión católica era su oscuridad, su sufrimiento, su drama, y como la mayoría de imágenes y estatuas representan el dolor, no entiendo y no concibo la forma en que separan “el bien” del “mal”.



En Egipto me encontré de frente con una religiosidad imponente, presente todos los días de manera publica a través del llamado a la oración y muy lejana de lo que yo conocía. El 75% de la población profesa el Islamy el 25% el Cristianismo, el ateísmo no es reconocido por el gobierno, e incluso las personas que se declaran ateas son perseguidas por el gobierno.



Antes de ese viaje, viví un año donde comencé a cambiar mi visión sobre Dios y la espiritualidad, empecé a leer y a buscar más cosas que me llamaban, escuché podcast, y a leer, esto me permitió conectar de manera más fácil a una nueva espiritualidad que no debe encasillarse en una religión, en donde la enseñanza más valiosa es el amor propio y mi guía es vivir el presente y tomar los caminos de vida que me generen paz y tranquilidad.


Es por eso, que trato de vivir la vida sin miedo (como me enseñaron de niña), sin juzgar mis experiencias como buenas o malas (y más como aprendizajes), valoro a cada una de las personas que entran y salen de mi vida y a las experiencias que a veces no me gustan tanto, agradezco profundamente lo que he vivido y lo que me han enseñado los viajes, aprecio los lugares que me hacen sentir tranquila y feliz, y que me conectan con una energía inexplicablemente linda.



Los viajes además de permitirte conocer personas y culturas, te hacen cuestionarte sobre muchas cosas. Cada vez que un lugar me genera alegría genuina agradezco a Dios por llevarme hasta allí y motivarme a seguirme moviendo hacia lo que mi alma quiere sentir y vivir.

 
 
 

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© 2021 by Tatiana Parada Moreno

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